lunes, 11 de enero de 2010

RAUL DEL POZO, PASCUA MILITAR

Reggio’sPeriodismo de opinión en Reggio’s
Pascua Militar, de Raúl del Pozo en El Mundo
EL RUIDO DE LA CALLE

Se fueron los concejales disfrazados de reyes y llegaron los reyes vestidos de militronches. Un Gobierno muy sonriente asistió la Pascua Militar con sus chalequitos y sus gemelos. En la Plaza de la Armería se escuchaban ovaciones y en el Salón del Trono, taconazos. Serían aplausos y risas fingidas, porque no creo que se troncharan de tener que enviar 500 sorches más a Afganistán. La Reina iba vestida de burdeos, la princesa de púrpura, los ministros de chaqué, con dos rajas atrás. No, no hay motivos para reírse.

El roscón de reyes, escarchado, con agua de azahar, se le ha atrangantado a millones de cuerpos al saber que además de los 800.000 parados más, el empleo no crecerá hasta que pasen cinco años.

El rumor es una flauta que sopla sospechas, un instrumento de fácil y sencillo manejo que contribuye a los ataques de irracionalidad. Pero ya que la cabalgata iba tan risueña y maqueada habrá que advertirles que en España hay efecto tango tardío. Una vecina mía mete la plata entre las plumas del colchón, al saber que el Gobierno argentino ha abierto expediente a la empresa Marsans por la emisión de cheques sin fondo. Los bacanes gallegos resultaron cafishos milongueros.

No esparzamos rumores; digamos sólo que el dinero a espuertas que el Banco de España inyectó a los bancos a pedo de clueca, no ha conjurado el riesgo de síncope. En enero llega el vencimiento de 30.000 millones de euros en bonos y obligaciones; a lo largo del año habrá que aflojar más mosca: hasta 100.000 millones. No se ha hundido ninguna entidad, los cuatro grandes parece que no corren peligro, pero las cajas son una puta mierda con el peligro de que están gestionadas por políticos. En el Candide de Voltaire se cortó la cabeza a un general para advertir a los demás, aquí no se ha dejado quebrar a ninguno como aviso. La solvencia de las entidades depende de la extensión y duración del pánico; el espanto continúa.

Así que no eran sabios los que fueron a Moncloa, sino médicos de urgencia. Fueron a dar cuidados paliativos al enfermo de Europa. Se duda de la solvencia de España. La bajada del rating y nuestra bajísima calidad crediticia, inquietan a Europa. Estamos en manos de los prestamistas. La depresión del 29 fue profunda y prolongada porque no hubo prestamista de último recurso. Aquí el Banco de España infló a los bancos maltrechos con dinero fácil, lo que Charles P. Kindleberger llama la mano de oro o el paracaídas. Ellos apenas han prestado un puñado de euros.

Así que si se reían en el Palacio Real, sería como en Los intereses creados. Reía el pueblo al ver a los ministros risueños «y los pobretes se reían al ver reír a los grandes señores».

Los demás tenían el labio partido.

© Mundinteractivos, S.A.

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