jueves, 31 de diciembre de 2009

LA TRASTIENDA|ISABEL SAN SEBASTIAN


No se puede caer más bajo
• 31.12.2009
NO ME he repuesto, ni quiero reponerme, ni creo que me repondré de la náusea que me produjo la noticia publicada en estas páginas por Ángeles Escrivá sobre el chivatazo policial a la red de extorsión etarra y su utilización por Gómez Benítez como argumento probatorio de la excelente disposición del Gobierno con respecto a los terroristas. ¿Se puede caer más bajo? NO.
Sabía que Zapatero había cometido todo tipo de vilezas en el transcurso de ese proceso infame. Incluso llegué a documentar muchas de ellas en un libro titulado Fungairiño, el enemigo de ETA, que narra, entre otras atrocidades, cómo los servicios secretos llegaron a tener localizado en marzo de 2005 al asesino de niños Josu Ternera y le dejaron escapar con el fin de no entorpecer unas conversaciones ya iniciadas pero sistemáticamente negadas con mentiras. Lo que no podía imaginar era que un Gobierno democrático llegara a presumir ante unos criminales de haber puesto a las Fuerzas de Seguridad a su servicio. Si, como sospecho, eso fue lo que sucedió en el bar Faisán, estaríamos ante el primer caso en la historia de esta larga lucha contra el terrorismo en que el Estado se habría puesto descaradamente del lado de los verdugos. Si se trató únicamente de una bravata del negociador gubernamental, lo que dudo, significaría que ese abogado, hoy premiado con un suculento puesto en el Consejo General del Poder Judicial (¡qué ignominia!) adoptó una actitud de postración ante sus interlocutores del hacha y la serpiente absolutamente indigna de un pueblo, como el español, que lleva 40 años plantando cara a esa cuadrilla de facinerosos. Insisto. ¿Se puede caer más bajo? NO.
Ahora se nos dice desde el PSOE que un acta firmada por ETA no tiene credibilidad, cuando saben perfectamente que la meticulosa recopilación de información que llevan a cabo sus integrantes constituye un pilar esencial del combate que libramos contra ellos. No tienen otro argumento al que aferrarse, más allá de la cortina de humo consistente en anunciar un atentado inminente para ver si así hablamos los periodistas de otra cosa. Como si aquí no hubiera pasado nada. Como si esta revelación no constituyera un nuevo salivazo a millares de víctimas atónitas e impotentes. Como si no fuese éste uno de los mayores escándalos de nuestra democracia. Como si el fin justificase los medios, desde los escuadrones de la muerte de los GAL hasta los chivatazos policiales a los recaudadores del chantaje etarra, que en el fondo debe de ser lo que piensan.
NO. Ni se puede caer más bajo ni se puede aguantar más infamia.

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